2 ene. 2010

La revancha del barroco


Nápoles pone a la vista lo mejor de su amplio repertorio del barroco a través de media docena de exposiciones y una serie de obras restauradas, en itinerarios urbanos que refuerzan su identidad

Seis exposiciones en otras tantas sedes museales históricas (que de por sí solas, ya valen el viaje), centenares de obras (pinturas, dibujos, esculturas, muebles, joyas, tejidos, cerámicas y porcelanas) y 51 itinerarios urbanos y regionales en los lugares del barroco (iglesias, cartujas, palacios y jardines), conforman Retorno al Barroco. De Caravaggio a Vanvitelli, el más completo e importante proyecto de investigación y difusión de la producción artística en la ciudad de Nápoles a lo largo de 150 años, entre 1600 y 1750.

Treinta años después de la gran muestra sobre el barroco que tras el terremoto de 1980 dio la vuelta al mundo, Nápoles presenta un fascinante recorrido a través de historia, arte y arquitectura, que se propone restituir a la ciudad aquel conjunto de arte y cultura, símbolo de su originalidad y su identidad. "No se trata de una exposición filológica, estructurada por épocas y escuelas, sino de un gran proyecto territorial que, con el objetivo de recuperar la identidad napolitana, documenta los progresos de los últimos 30 años sobre aspectos, momentos y géneros de esta época de exuberancia y esplendor, cronológicamente comprendida entre la llegada de Caravaggio a Nápoles en 1606 y el regreso de Carlos de Borbón a España en 1759", explica Nicola Spinosa, el mayor especialista italiano de arte barroco, que fue durante más de dos décadas superintendente a las Bellas Artes de la región Campania.

Para preparar este proyecto expositivo, Spinosa y su equipo se han enfrentado a años de estudios y largas restauraciones, que ahora le permiten enseñar al público un gran número de obras prácticamente inéditas, muchas de las cuales han permanecido ocultas en los almacenes de las 220 iglesias que han sido cerradas (tan sólo quedan 80 abiertas) por la desidia, la falta de medios económicos y humanos, el expolio y el hurto sistemáticos, los desperfectos del terremoto nunca subsanados y las infiltraciones del alcantarillado, que amenazan con hundirlas. También hay muchas contribuciones de colecciones privadas y de importantes museos internacionales.

En la muestra Historias sacras y profanas de Caravaggio a Solimena 1606-1747, instalada en el Museo de Capodimonte, se ha reunido la gran mayoría de obras maestras de la pintura y el dibujo, incluida la célebre Flagelación de Cristo de Caravaggio, rescatada de la iglesia de San Domenico Maggiore, donde se libró de hasta tres intentos de robo. "La última vez se salvó sólo gracias a la ignorancia de los ladrones que descolgaron la copia de Andrea Vaccaro, expuesta justo enfrente. Desgraciadamente la ignorancia no les impidió sustraer muchas piezas de gran valor, incluidas las pesadas verjas del Settecento", indica Spinosa. El comisario utiliza los juegos de luces y sombras, las interpretaciones psicológicas de los personajes y la innovadora forma de representar el movimiento, como hilos conductores de una selección, que reúne un número excepcional de obras de Ribera, Artemisia Gentileschi, Luca Giordano, Bernini y Vanvitelli, entre otros.

Las restauraciones más espectaculares y difíciles, 35 pinturas y 20 esculturas, se exhiben en el castillo de Sant'Elmo, una fortaleza defensiva erigida en el siglo XIV, que Pedro de Toledo mandó reconstruir en 1537 al arquitecto valenciano Pedro Luis Escrivá, por encargo del emperador Carlos V. Escrivá fortificó todo el cerro de San Martino donde se encuentran también la cartuja y el museo homónimos, que dominan el golfo de Nápoles y dan fe de la riqueza intelectual y económica de las órdenes religiosas de la época. El conjunto se considera uno de los ejemplos más logrados del arte y la arquitectura barroca, gracias al talento y la inventiva del escultor y arquitecto Cosimo Fanzago, que lo enriqueció con obras como la Natividad de Guido Reni; los frescos de la Sala del Tesoro, considerados el testamento artístico de Luca Giordano; las telas triangulares de Jusepe de Ribera que coronan los arcos, y los muebles severos que los vidrios coloreados llenan de luz. En la profusión de piezas, destacan los exvotos de los monjes que se libraron de la peste de 1656, la memoria de la rebelión popular encabezada por Masaniello y el cementerio del claustro, rodeado por una balaustrada decorada con calaveras, meta obligada de los viajeros del Grand Tour.

El despliegue continúa con la muestra de arquitectura, urbanística y cartografía del Palacio Real y las artes decorativas del Museo Duca de Martina, también conocido como Villa Floridiana, donde las mayólicas catalanas y los vidrios españoles se mezclan con las porcelanas de Capodimonte, los bocetos en terracota de célebres grupos escultóricos, que emocionan por perfección y belleza, y los objetos profanos en plata, aún más preciosos por haberse librado de ser fundidos para financiar la guerra contra los franceses.

La influencia española, que recorre todas las vertientes del proyecto, se hace especialmente patente en el Museo Pignatelli, donde se exhibe una extraordinaria historia del bodegón, que Spinosa denomina naturaleza en posa, y no naturaleza muerta como es habitual. La escuela napolitana aligera los rasgos más pesados del barroco español y se aleja de las pinturas más frías y contenidas de los artistas nórdicos, con representaciones de exuberante vitalidad, que recuerdan la caducidad de la vida, con las flores marchitas, ocultas en los ramos deslumbrantes y las frutas maduras, tan realistas que consiguen transmitir la textura caliente, espesa y pegajosa de sus jugos.

La inmersión en el barroco tiene su contrapunto en el Madre (Museo d'Arte Contemporanea Donna Regina), donde la colectiva Barock-Arte, Ciencia, Fe y Tecnología en la Edad Contemporánea reúne a los artistas actuales (Maurizio Cattelan, Cindy Sherman, los hermanos Chapman, Damien Hirst, Anish Kapoor y Orlan, entre otros) que mantienen vivo el espíritu del siglo XVII en la actualidad.

Como en un puzle, cada muestra contribuye a construir la imagen de una ciudad barroca hasta la médula, no sólo en sus aspectos materiales, sino también en su historia contradictoria, entre vicios y virtudes, miseria y esplendor, gestas nobles y fechorías. Una ciudad que es fácil percibir como un amplio escenario, donde historia y mito, realidad y fantasía, tragedia y comedia, esperanza y decepción, se mezclan y entrecruzan en un continuun interminable, en el Seicento como ahora.

Fotogaleria El País

El Pais 2/1/10

+ info:

http://www.ritornoalbarocco.it/

http://www.museomadre.it/index.cfm


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