25 nov. 2011

Un pequeño Hermitage en el museo del Prado


La exposición, en la que se pueden ver obras de Friedrich, Monet, Rodin o Cézanne, pone el broche de oro al año dual España-Rusia 2011

Sinónimo de la grandeza de los zares y emblema de la cultura rusa, el Hermitage de San Petersburgo no sólo es una de las grandes pinacotecas mundiales, sino que constituye un tesoro en sí mismo. Ahora, una selección de su esencia podrá verse desde el día 8 y hasta finales de marzo en las salas de la ampliación del madrileño museo del Prado.
Concebida no como una mera exposición, sino como todo un "acontecimiento cultural", El Hermitage en el Prado pone el broche de oro al año dual España-Rusia 2011 que arrancó en febrero con El Prado en el Hermitage. Aquella muestra de los fondos de la mayor pinacoteca española fue vista por más de 600.000 personas, convirtiéndose en la más visitada en la historia del museo ruso. Y San Petersburgo promete no quedarse atrás en Madrid.
"Nunca ha habido una exposición de estas características, del Hermitage y sobre el Hermitage, en el extranjero", dijo hoy el director del museo, Mijail Piotrovsky, por videoconferencia. Las casi 180 obras de las célebres colecciones de pintura, dibujo y escultura del museo ruso, pero también de sus piezas arqueológicas, artes decorativas, trajes de época y mobiliario que han viajado a la capital española, ponen de manifiesto "el gran teatro del mundo que es el Hermitage en la actualidad", añadió el director del Prado, Miguel Zugaza.
A fin de introducir al visitante en la propia historia del museo, la exposición arranca con los retratos de Pedro el Grande, Catalina la Grande y Nicolás I, de cuyas colecciones proceden la mayoría de los fondos del Hermitage. A su lado, los lienzos del pintor oficial de la corte, el sueco Benjamin Patterson (1748-1815), muestran la imponente ciudad de San Petersburgo en las riberas del río Neva, donde se erigió en 1703 con París y Amsterdam como modelos. El lujo del complejo Hermitage, compuesto por el Palacio de Invierno y otros tres edificios, queda plasmado en las vistas de sus salas y galerías.
Una de las colecciones más emblemáticas del museo, pero quizá menos conocida fuera de Rusia, son sus tesoros de orfebrería y joyas. Así, la Colección siberiana de Pedro I muestra una selección del oro con el que las tribus nómadas sepultaban a sus reyes y grandes guerreros, con broches de cinturones en los que aparecen tigres y animales fantásticos o el famoso peine con una escena de batalla.
Además de otra pequeña representación de orfebrería griega, la sección dedicada al Hermitage como escenario de la corte muestra como Catalina la Grande introdujo la moda de usar lujosos vestidos de terciopelo y brocados y centros de mesa estilo imperio. Completan la representación de joyas algunas valiosas rarezas que llegaron a manos de los zares: filigranas chinas y joyas indias del siglo XVII, sables persas cubiertos de piedras preciosas o adornos de artesanos europeos, como un curioso pinjante con una carabela procedente de la España del siglo XVI, con cinco esmeraldas engastadas.
Pero probablemente, el mayor atractivo de la muestra sea la rica representación del arte de Europa occidental que ha viajado a Madrid: Pedro el Grande y sus sucesores adquirieron colecciones enteras de Rusia y del extranjero, que llenaron las grandiosas salas del Palacio de Invierno. La sección dedicada a los siglos XVI y XVII queda presidida por el "San Sebastián" de la etapa tardía de Tiziano, en el que la figura del santo emerge imponente de la oscuridad.
La Virgen con el Niño de Durero, El almuerzo de Velázquez, un Paisaje invernal con patinadores sobre hielo de Brüghel el Viejo y otro curioso paisaje de Rubens, retratos de Anton Van Dyck, el Greco y Rembrandt, un Perro guardián de Potter y el famoso Tañedor de laúd de Caravaggio se suman a esculturas neoclásicas de finales del siglo XVIII y principios del XIX como la Magdalena penitente del italiano Antonio Canova o un busto del filósofo francés Voltaire.
La exposición culmina con una muestra de arte de los siglos XIX y XX, donde destacan pinturas románticas de Caspar David Friedrich, lienzos impresionistas de Monet, Rodin y Cézanne y el exotismo de Gauguin. Tres óleos y un dibujo de Picasso -entre ellos Mujer sentada y La bebedora de absenta- compiten en atractivo con la luminosa Conversación cubista de Matisse pero, como no podía ser de otra manera, el arte ruso acapara todas las miradas con el polémico Cuadrado negro de Malevich y la impresionante Composición VI de Kandinsky, uno de los hitos del arte abstracto.
Publicado en La Vanguardia 4/11/2011
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